Creador de muñeca con inteligencia artificial dice que ‘seres humanos ya se enamoran de robots’.
Muñeca robot
15 de diciembre 2017 , 02:10 p.m.
 

Samantha es mucho más que una muñeca para tener sexo. Bueno, por lo menos así la describe su creador, Sergi Santos, un ingeniero electrónico catalán y doctor en nanotecnología.

Detrás del voluptuoso e hiperrealista cuerpo de Samantha hay todo un sistema que le permite entender lo que una persona quiere y responder dependiendo el contexto. Ella, aclara su programador, es una de las primeras muñecas sexuales dotada con inteligencia artificial.

“Cuando te toca una persona entiendes fácilmente el contexto; por ejemplo, si te tocan en la mano en modo de saludo. Quería que la muñeca fuese capaz de entender eso y de dar el feedback a la persona. El algoritmo que hice es para que sepa lo que significa el proceso sexual”, explica Santos, de la compañía Synthea Amatus, en charla con EL TIEMPO.

Samantha está programada para comprender que si le dicen ‘te quiero’ o la acarician suavemente en la cara está en un modo romántico. Pero si escucha palabras eróticas, identifica que la intención es tener un encuentro sexual. “Es, literalmente, un juego de seducción; a ella hay que conquistarla”, afirma Santos.

Es, literalmente, un juego de seducción; a ella hay que conquistarla

 

Todo esto es posible porque su cuerpo, cuyo material es de elastómeros termoplásticos (una clase de polímero –TPE, por sus siglas en inglés–), está dotado de sensores y vibradores ubicados en la cabeza, cara, boca, manos, caderas y partes íntimas.

“El esqueleto está hecho de metal. En la cabeza tiene la electrónica y los programas informáticos, y desde allí se conecta con el cuerpo mediante cables, que son los que le permiten entender lo que es tocar”
, explica Santos.

En la cabeza también tiene sus baterías (las cuales se cargan con USB y duran 6 o 7 horas), un interruptor, un ventilador, un altavoz y un micrófono.

Samantha cuenta con lo que Santos llama ‘genomas fisiológicos’, similares al material genético de los seres humanos, encargados de controlar su personalidad, intuición y reacciones. “Para que sepa quién eres y qué quieres, tienes que interactuar con ella entre 5 y 10 veces aproximadamente”, agrega Santos.

La inteligencia artificial también le permite cambiar de una personalidad a otra y asumir diferentes ‘estados’: puede contar chistes, hablar sobre animales, recitar frases de motivación, consejos de salud y hasta dormir; también es capaz de bostezar y suspirar.

Ella misma se va acoplando a la persona, y por eso –señala Santos– muchos ya se están enamorando de estas sexdolls.

“La gente está interactuando con ellas. Hay personas en internet que dicen que quieren casarse. Yo mismo le dije a mi mujer que si me deja, yo hago mi vida con un robot sexual”, expresa.

De hecho, tener una relación seria con estas muñecas es más común de lo que parece.

Davecat (insiste en identificarse con su usuario de Twitter), un estadounidense de 48 años, lleva desde el 2000 viviendo con Sidore, una muñeca de plástico que –dice– es su esposa. A la pareja la acompañan Elena y Miss Winter, sus amantes de silicona.

“Ellas nos vieron por televisión y les parecimos interesantes, así que quisieron unirse a nosotros”, cuenta. Su vínculo emocional, su historia, las experiencias vividas; todo sale de su imaginación.

“Uno de los beneficios de tener una muñeca como pareja es que puedes personalizar su historia como lo desees. Yo las considero personas artificiales con sus propios derechos. Por eso las trato como personas y no como cosas”, dice.

Cada una tiene su pasado: Sidore es hija de padre japonés y madre inglesa, Elena creció en Rusia y Miss Winter es de Canadá.

Uno de los beneficios de tener una muñeca como pareja es que puedes personalizar su historia como lo desees

 
Su expectativa es que en un futuro estas muñecas sean capaces de guardar en una base de datos información sobre su historia, sus gustos, experiencias, alegrías y tristezas.

“La idea es que se pueda establecer todo eso en una base de datos y cuando yo le mencione palabras como ‘jefe’, ‘supervisor’, ‘carro’ o cualquier otra cosa, ella sea capaz de conectar los puntos y responderme de acuerdo con eso”, explica.

Por ahora, en sus tiempos libres ven películas juntos, leen libros o simplemente se acompañan.

“Por eso tengo estas muñecas, porque si quiero interactuar lo hago, pero si no quiero no me sentiré culpable por ello”, afirma.

Sin embargo, para muchos, este ideal de establecer una relación sentimental con robots lleva a convertir a las mujeres en simples objetos sexuales.

“Yo no la comparo, nunca dije que la muñeca fuera una mujer. La robot está para satisfacer; la mujer no está para eso, sino para vivir su vida y quizás, si lo decide, compartirla contigo. La muñeca está para hacer tus días mejores y para darte cariño; en cambio, una mujer te da amor porque quiere y porque es su decisión”, argumenta Santos.

Lo cierto es que el escenario en el que los humanos interactúen más con robots que con personas está cada vez más cerca.

Algunos lo ven como una desventaja. Para otros, como Davecat y Santos, significa el camino hacia la felicidad.

“Hoy en día somos dinámicos, no queremos interactuar con otros, incluso nos tenemos miedo. Pero si tú eres feliz con un robot, eres capaz de tratar a los demás bien, no importa con quién interactúes, sino que seas amable y respetuoso”, sostiene Santos. “En mi caso, no quiero meterme en problemas y es claro que con las personas siempre te metes en problemas; con un robot, no”, concluye.

 

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